Para la Iglesia Católica, Juan Pablo II puede ser comprendido como un "Concilio Vaticano II", pero bien medido, si se nos permite la figura. Y es así porque, a la hora de analizar su obra, no podemos olvidar que él viene de la experiencia polaca; eso es muy importante, porque él ha tenido que pelear duramente con el comunismo polaco. Si bien él viene de una experiencia que no es exactamente la del Vaticano II, sin embargo su carisma colosal lo ha hecho trascender de una manera impresionante. No fue populista, pero sin embargo fue tremendamente popular. Ahora bien, cuando tratamos de entender porqué es importante la beatificación, la santificación, no es una cuestión de jerarquías. Hay que recalcar que la Iglesia es un misterio; es el misterio del cuerpo místico de Jesucristo; y ese cuerpo místico tiene un sentido muy profundo; el cristianismo quiere que el laico sea laico, que adopte el rol de este mundo. Y Juan Pablo II le llegó a ese laico porque fue un Papa que miró a la Tierra; y eso es parte del carisma de él, que movió multitudes.
Lo que está en cuestión aquí es el tema de la santidad; de cómo la autoridad del Papa la tiene que ejercer mediante decretos que son por un lado jurídicos, por otro lado litúrgicos y por otro magisteriales. Veamos la cuestión de beatificarlo a Juan Pablo II. El cuerpo místico es una línea central para entenderla a la Iglesia: es Cristo hecho hombre; pero Cristo no ha salido a conquistarlo al pueblo, sino a encarnarse en el humano silenciosamente; en ese contexto debe entenderse la entronización a Juan Pablo II. El mensaje que la Iglesia quiere dar con este proceso es que este Papa ha movido multitudes por su carisma; un don que le da Dios a un ser mortal, pero no para él, sino para beneficio de la comunidad.
En Juan Pablo II concilian la idea del cuerpo místico con la Iglesia terrenal. Y nombrar a un santo es nombrar a estos que, ya sea por el lado de la mística o por el de lo mundano, han llegado a lo humano.